25 de octubre de 2016

Perdonar es de sabios

Todos cometemos errores, es algo inherente a la condición humana. Equivocarse, cometer errores aprender de ellos...es lo que nos permite crecer como personas y llegar a madurar. Hay muchos errores que pueden subsanarse fácilmente y apenas tienen consecuencias, se hace borrón y cuenta nueva, como si nunca hubiera pasado, pero no es así, es simplemente un engaño que nos hacemos a nosotros mismos. Todas las decisiones que tomamos, las buenas y las malas, las que nos llevan al éxito o al fracaso, todas y cada una de ellas tienen sus consecuencias. 

Errar es humano y perdonar es sabios, o al menos eso dicen, y sin embargo, por mucha sabiduría que se tenga no podemos resolver todas las meteduras de pata pidiendo perdón o recibiendo el mismo. Todos habréis leído o visto el símil entre el perdón y los platos rotos (o vasos o jarrones o lo que sea). Rompiste algo, pides perdón y te lo dan pero lo que está roto no vuelve mágicamente a su estado anterior, ¿a que no?

¿Merecemos que nos perdonen? Pues yo creo que depende de el porqué de tu disculpa, ¿de verdad te arrepientes o solo quieres descargar  tu conciencia? ¿ O sólo pides perdón por que te han pillado?

Si es la última opción, entonces ni deberías pedir perdón porque está claro que no sientes que hayas hecho algo malo. Si se trata de alguna de las otras dos, yo lo dejo a juicio de cada uno, pues cada cuál es libre de perdonar (o no) a la persona o personar que le han causado mal.

Pero pensemos en cuando pedimos perdón. En el mal causado, en cuando sabemos que vamos a cometer un error y aun así lo hacemos, ¿qué nos empuja a hacer algo que en el fondo sabemos que está mal? ¿No sería mejor evitar el tener que pedir perdón luego? Pues claro que sí, eso es lo que dicta la razón y la lógica, pero no siempre son ellas las que tomas las decisiones, ¿no es cierto?

Por eso cometer errores para luego pedir perdón es algo tan propio de todos los seres humanos, pero yo pienso que antes de que tengas que pedir perdón pienses en la otra persona y por un segundo recapacites. Si hubiera sido al contrario, si en vez de ser tú el que pide perdón fueras la persona que tuviera que darlo, ¿lo harías? ¿Perdonarías de la otra persona el mismo acto por el que tu te arrepientes?

Es muy fácil plantearlo aquí en frío, pero en ese momento nunca sabes como vas a actuar, es por eso que yo creo que perdonar no es de sabios porque en realidad, la lógica, la inteligencia, o la sabiduría no te van a ayudar a tomar esa decisión, en el fondo, aquel que perdona en realidad lo que tiene es un gran corazón.


25 de agosto de 2016

Lo que no quiero

Cuando era pequeña y me preguntaban que quería ser de mayor, la respuesta cambiaba según el día en que me pillases. Pasé por varios tipos de profesiones, quise ser enfermera, abogada, psicóloga, arqueóloga, patinadora, bailarina e incluso actriz. No terminaba de decidirme, al final las descartaba porque había algo que me hacía desistir pero nunca quedaba claro por cuál iba a decantarme finalmente.

A los trece años por fin me decidí por una carrera y mantengo la decisión hasta el día de hoy, pero el ámbito profesional es en el único en el que por fin pude escoger que es lo que quería hacer, en lo demás siempre he tenido más claro los que no quiero que lo que quiero. 

A veces por diversas circunstancias de la vida, por las decisiones y los caminos llevados y por las vidas con las que nos hemos cruzado nos queda más claro lo que no queremos que lo que sí, básicamente porque después de haber tenido alguna experiencia más o menos desagradable ( o haber visto como otros la viven) te queda muy claro que eso no es para tí.

Yo no sé estar en pareja, no es que no quiera, que es diferente, es que de verdad, de verdad que no sé, porque nunca he estado en serio con alguien, y a pesar de lo que muchos piensan (no pongáis cara de pena por favor!) eso me ha servido de experiencia aunque si bien es cierto que tiene su lado negativo. La verdad es que sé que no quiero estar con alguien solo por estar, quiero decir que prefiero seguir como estoy a buscar pareja solo para no estar sola. Yo no soy de las que piensa que necesitas tener a alguien para esta completa, no creo que sea imprescindible tener pareja (o hijos) para sentirte realizada como mujer, pero tampoco quiero estar siempre sola.
 
Y entonces volvemos al principio, y ante la pregunta, "¿pero tú que quieres?" a mi se me ocurren un montón de "pues NO quiero esto o aquello", pero no estoy segura de que es lo que quiero. Vuelvo a mi infancia en la que no me decidía por una profesión porque todas las opciones era igual de buenas y entonces pienso que para qué preocuparse, todos en algún momento decidimos que queríamos ser de mayores, alguno lo supieron siempre, otros a los trece años, algunos cuando ya el plazo se acababa y los hay incluso que se cambian de carrera a los cuarenta años. Si a todos nos llega ese momento de lucidez, ¿por qué tengo que pensar ahora en lo que quiero? Mejor pienso en lo que ya tengo claro, lo que de verdad que no quiero y lo demás ya surgirá, ¿no?

11 de febrero de 2016

Una chica como tú


Las chicas como tú son especiales, no nos vamos a engañar. Las chicas como tú tienen algo que las hace estupendas, casi perfectas, algo que las diferencia del resto de chicas (que no son como tú) y que todo el mundo debe, ¡no! Me corrijo, tiene que apreciar.

Pero, ¿cómo son estas chicas que son como tú? Pues una chica como tú es divertida, es ingeniosa, es inteligente, es mordaz cuando tiene que serlo, es amable, es cariñosa, es generosa y además de todas estas cualidades, es guapísima. Una chica como tú conseguirá todo lo que se propone en la vida porque además de todo lo que he dicho, también tiene talento y es ambiciosa, en definitiva, una chica como tu es prácticamente perfecta, tiene todo lo que una pareja deseraría, ¡por favor! Hay que estar ciego para no darse cuenta. Solo hay una pega, se trata de eso, es una chica como tú, pero no eres tú.

He llegado a un punto en mi vida en el que la expresión "¡Cómo una chica como tú, tan...!" y ponga el final de frase que más guste, me acompaña en muchas conversaciones que empiezan amigablemente pero llegados a este punto son bastante incómodas. La que más se repite es la de "¿¡Cómo una chica como tú aun no tiene novio!?" y te lo sueltan así a bocajarro, sin paños calientes, con interrogación y exclamación y haciendo hincapié en el aun, el que la suelta se cree que te hace un cumplido y se queda más ancho que largo pero a ti que la oyes te dan ganas de clavarle un tenedor en el ojo (sobre todo porque esta frase se escucha en cenas y comidas familiares).

No hay ninguna explicación lógica que dar a esta pregunta, ya que lo primero que piensas es que no tiene ninguna lógica, porque,  si se trata de una chica como yo, y parafraseando a Homer Simpson , "yo soy como yo", ¿cuál es el problema? Y entonces te encojes de hombros y sonríes, ¿qué vas a hacer sino?¿liarte a sacar ojos?

Las chicas como tú no existen,son una fantasía del imaginario colectivo, ellos creen que te hacen sentir bien alabando todas las supuestas virtudes que creen que tienes pero en realidad, solo es una forma de hacerte la pelota. Si todo el mundo quisiera una chica como tú entonce no te dirían lo de la chica como tú, así de sencillo. No son reales, es imposible que una sola chica tenga todas esas virtudes, todas es características que la hacen maravillosa y que nadie lo vea o que solo lo vea un determinado colectivo de gente (amigos, parientes, parejas de tus amigos...). No puede ser cierto.

Lo que si que es cierto es que si tan maravillosa eres, si eres una chica como tú, pues mujer, no te conformes con menos porque si existen las "chicas como tú" por fuerza tiene que haber por ahí "chicos como tú" y no veo el por qué si eres una chica tan estupenda y tan maravillosa, tan "como tú" vamos, te tienes que conformar con menos.






30 de noviembre de 2015

Expectativa vs. realidad

Cuando yo era pequeña me empeñé unas navidades en que me regalaran una fábrica de joyería, en el anuncio se veía tan divertido, las niñas hacian pendientes anillos, pulseras de la amistad, broches...todo muy bonito y fácil, y yo lo quería. Quería hacer mis joyas como las niñas del anuncio, sabía que no era ni oro ni plata pero a mi me hacía una ilusión tremenda porque las habría hecho yo, así que insistí (mucho, mucho) hasta que me la regalaron.

Cuando tuve el juguete en mano, resultó un armatoste bastante complicado. Había en enchufarlo para que el "horno" se calentase y esperar nada más y nada menos que media hora para derretir una bolitas con las que supuestamente ibas a hacer tus joyas (supongo que los fabricantes de juguetes no se dieron cuenta de que treinta minutos es una tortura eterna para cualquier niño de menos de diez años) y cuando las bolitas estaban derretidas había que verter con muchísimo cuidado en un molde para poder hacer la joya que querías. Resultado:UN CHURRO. 

Jamás me salió una joya a derechas y no pude ser nunca como las niñas del anuncio con sus anillos y cadenas, el resultado fue que la fábrica de joyería quedó relegado a un estante del que jamás bajó y aun a día de hoy mi madre sigue echándome en cara el poco caso que le hice después de la tabarra que di. Pero el problema en el fondo, no es el juguete (nunca lo es) sino las expectativas que yo me había creado. 

Es como cuando vas a ver una película que todo el mundo te dice que es muy buena y sales del cine pensando pues que no era para tando o cuando ves una prenda en una revista que te encanta pero luego en la tienda no te gusta  para nada. Expectativas, todo se reduce a eso.

Te creas (o te crean) unas ideas que no se ajustan a la realidad y luego te llevas un batacazo. Pero seamos sinceros, te lo llevas porque has querido, las expectativas estaban solo en tu cabeza, ¿verdad? Lo mismo ocurre cuando la gente espera que te comportes de una determinada manera y no lo haces y afirman sentirse "decepcionados", a ver...¿te decepciona que no siga un camino marcado por ti? Vamos a ser más cuidadosos y a diferenciar entre expectativas y realidad, así no nos llevamos ningún chasco no ¿creéis? Porque vamos....lo de mi fábrica de joyería nunca llegué a superarlo del todo y yo creo que las niñas del anuncio se ríen de mi y de todos los que caímos y compramos semejante armatoste.

9 de noviembre de 2015

Yo bailo a mi propio ritmo

Yo no soy una gran bailarina pero me gusta bailar. Cuando bailas estás en otro mundo, es muy divertido, bailando expresas lo que sientes, te dejas llevar, haces ejercicio y además, si tienes un buen compañero es incluso estimulante.

A mi me gusta bailar y me gusta que me lleven, y si me saben llevar yo me sé amoldar al paso y hasta puedo parecer que soy una experta, pero nada más lejos. Solo soy alguien que sabe dejarse llevar. Pero me he dado cuenta de que dejarse llevar es una cosa y que te imponga un paso.

Yo sé bailar si me sabes llevar, pero no quiero bailar al son de la canción que otros dictan porque una cosa es que me lleves y otra es que me arrastres. De verdad que dejarse llevar esta bien, está muy bien porque por un momento puede ser incluso gratificante no pensar en lo que va a pasar, ni en las consecuencias, es solo vivir el momento pero todo tiene un límite, yo quiero dejarme llevar, pero eso no significa que tenga que dejar que me arrastre la corriente para acabar naufragando. 

Cuando bailo me dejo llevar sí, pero...¿por qué he da bailar al ritmo que otros impongan? ¿Merece la pena acaso el baile?  Y sobre todo, ¿por qué he de amoldarme yo al ritmo de los demás? Quiero decir que no es más fácil encontrar un paso en el que todos nos sintamos cómodos.

 ¿Porque sabes lo que pasa cuando me imponen un ritmo que no me gusta? Pues que parece que tengo dos pies izquierdos y que me falta una rodillas y sobre todo lo buena bailarina que podría haber sido se pierde por el camino y acabo abandonado la pista de baile...sola. Porque este gran bailarín tendrá a alguien que sí sepa seguirle el ritmo o que si se deje arrastrar. Y al final la que se siente mal soy yo, porque soy la que no sabe bailar y lo peor de todo esto es que la que se siente mal soy yo, ¿acaso no soy yo la que "no sabe bailar"?

Creo que hay límites que ya no pudo sobrepasar y ya he estirado tanto la goma elástica que me he dado en el ojo. Tal vez debería dejar de bailar o puede que simplemente empiece a bailar sola y a mi propio ritmo.

24 de julio de 2015

Cínica...¿yo?

Se atribuye al autor de El Retrato de Dorian Grey, el celebérrimo Oscar Wilde, la siguiente frase: 

"¿Qué es un cínico? Una persona que conoce el precio de todo pero el valor de nada." 

Lo cierto es que ésta es una de mis citas favoritas y aparece justamente en el único libro de Wilde que me he leído y que he mencionado con anterioridad, es una frase, una sentencia que me hace pensar mucho. 
Cínico y cinismo son expresiones que ya se están incluyendo en mi lista de palabras favoritas, junto con melífluo, políglota e hipocorístico, pero a diferencia de éstas, para mí la magia del cinismo reside en qué es algo muy difícil de definir. Creedme, lo sé, lo he intentado y hasta he tenido arduas discusiones con amigos y amiguísimos sobre el verdadero significado de ser un cínico.

Según el diccionario es algo tan simple como esto: actitud de la persona que miente con descaro y defiende o practica de forma descarada, impúdica y deshonesta algo que merece general desaprobación; sin embargo, yo creo que la acepción que se le da al cinismo va más allá, de hecho muchas veces se utiliza cínico como sinónimo de hipócrita, pero, ¿de verdad son sinónimos?

Yo creo que me estoy volviendo un tanto cínica pero no creo que sea hipócrita, ¿o son cosas que van de la mano? Creo que el cinismo está echando raíces en mí, sin prisa pero sin pausa y mas bien se debe a que tarde o temprano dejas de creer en algunas cosas que siempre pensé que serían buenas. 

El caso es que cuando las decepciones pesan más que cualquier otra cosa, el cinismo es el más fiel compañero que nos queda. Y esto no me ocurre solo a mi lo ilustraré con un caso.  Tengo una amiga, pongamos que se llama Rebeca. Rebeca nunca ha sido de las chicas que piensan en casarse de blanco o de las que creen en el amor a primera vista, pero Rebeca si que cree en el amor, puede que no en el amor típico de una comedia romántica o de una novela romántica, pero si que cree en el amor, de hecho ya ha estado enamorada y nunca descartó el volver a estarlo. Pues bien, esta amiga mía se ha visto envuelta en una conquista. Se trata de un chico que sobre el papel parece perfecto, es guapo, muy simpático y tiene una voz que es, y no hay mejor manera de explicarlo,  como caramelo derretido y aunque parece (¡ojo! que he dicho parece) que está interesado de verdad en mi amiga, hay algo que nos chirría sobremanera y yo pienso, ¿chirría de verdad o solo nosotras lo oímos? 

Y creedme que yo intento imaginarles felices y contentos juntos porque creo que harían buena pareja, pero mi amiga no lo ve, tiene la firme y clara convicción de que no pasará, así que  a mi me cuesta cada vez más imaginarlo y eso que poseo una imaginación bastante activa. En otros tiempos me habría dejado arrastrar por ella y vería a Rebeca envuelta en todo tipo de situaciones de lo más pastelosas: mensajitos de amor, paseitos, cenas románticas, viajes....vamos, lo típico que solo pasa en la televisión, pero ahora ya no lo veo y creo que llegados a este punto, aunque lo viera no me lo creería.

Ahora mismo me encuentro en una situación en la que me cuesta horrores creerme cualquier cosa, cualquier frase o gesto amable dispara todas mis alertas y pienso que hay gato encerrado. Puede que el problema no esté solamente en que empiezo a desconfiar o de que me dejo arrastrar por el cinismo, sino que empiezo a pensar que en el fondo, o no tan en el fondo, todos somos algo cínicos, o tal vez yo me he vuelto muy desconfiada y el cinismo no es más que una expresión que tal vez, y solo tal vez, me quede aun un poco grande.

5 de junio de 2015

Ausencia

Me despierto una mañana como otra cualquiera, con pereza, sueño, bostezando, sin saber mi nombre y deseando que llegue el viernes. Lo normal. Y mientras me preparo y me miro al espejo se me para el corazón. No está, ¡NO ESTÁ! Mi cadena ha desaparecido. Mi cadena con sus colgantes, la que siempre llevo al cuello, la que ha ido conmigo a todas partes casi desde siempre, no está y no recuerdo cuando fue la última vez que la vi.

 Respiro hondo y pienso...¿ayer la llevaba? ¡Claro que sí! Si no la hubiese llevado me habría dado cuenta, ¿no? Quiero pensar que sí, habría sido plenamente consciente de su ausencia como lo soy ahora, porque sé que ya no esta y a cada paso que doy intento recordar cuándo fue la última vez que la vi y eso es porque siempre está conmigo. Busco y rebusco, ¿estará entre las sábanas?¿Se me cayó en la ducha?¿Y si la perdía en la calle?  Hace años que la tengo, tantos ya, que es una constante en mi vida, casi ni le prestaba atención aunque yo sé que era importante para mi, porque siempre, siempre estaba ahí,  y ahora que ha desaparecido soy muy consciente de que no la llevo conmigo, de que ya no forma parte de mi.

Es casi doloroso, ya no está, y cada segundo que pasa es más improbable que vuelva, y cada paso que doy y cada sitio por el que paso, hacen que me pregunte si fue ahí donde decidió abandonarme, o si fue en ese otro lugar donde no me di cuenta de que ya no estaba conmigo.¿Cómo es que noto mas su ausencia que su presencia? ¿Cómo es que me imagino dónde se pudo haber caído pero no recuerdo si cuando me metí en la cama estaba conmigo?

Creo que es porque la cadena era ya tan parte de mi que creía que no era importante. Eso ocurre muchas veces, damos tantas cosas por sentado que ya no nos percatamos de que son sumamente importantes, no es que uno no de valor a las cosas hasta que no las pierdes sino que hasta que no las pierdes no eres consciente de lo importante que eran. Es triste pero cierto. 

Mi cadena era una de esas cosas. Hay otras que perdí y ni siquiera sé cuando dejaron de ser parte de mi vida, solo sé que un día me di cuenta de que ya no estaban, no solo que ya no estaban sino que hacía mucho que habían dejado de estar a mi lado sin apenas percatarme de cuando se separaron nuestros caminos, eso es lo peor de todo.

Hay algo que es tan constante que ya ni nos damos cuenta, es como respirar, como los latidos del corazón, están en ausencia. Son importantes pero no les prestamos la suficiente atención porque no se van a ir...hasta que lo hacen. Se separan de ti y tú no te das cuenta hasta que es demasiado tarde, hasta que ves que ya no caminas igual porque ya no están a tu lado. Supongo que es ley de vida, pero, ¿no es algo triste que importen las cosas cuando ya no están? ¿Por qué no podemos apreciar lo que tenemos cuando aun lo tenemos?

De momento yo sigo pensando en mi pequeña cadena, cada día pierdo un poco más la esperanza y me resigno a que no volverá a mi. Tal vez esto sirva para darle más valor a la siguiente que tenga y no esperar a que se haya ido para darme cuenta de lo importante que era.